Me formé en acompañamiento en fertilidad antes de vivir la infertilidad en carne propia.
Conocía la terminología. Sabía investigar. Entendía las conversaciones que se dan alrededor del cuidado de la fertilidad.
Y entonces la conversación era sobre mí.
De pronto, la información dejó de ser solo información. Era sobre mi vida, mi familia, mi futuro — y aprendí rapidísimo que saber el idioma y ser la persona que vive dentro de la experiencia son dos cosas muy distintas.
En los años que siguieron, a través de mi propia infertilidad, los tratamientos y una pérdida gestacional, seguí aprendiendo.
Pero quizá más importante: aprendí a escuchar de otra manera.
Mi experiencia no me dice cómo se siente la tuya. Nuestras historias pueden no parecerse en nada.
Pero me enseñó cuánto importa tener a alguien dispuesta a entender la tuya.
Alguien que entienda el idioma sin perder de vista a la persona. Que te ayude con la información cuando la necesitas y se quede en la incertidumbre cuando no hay respuesta. Que no necesite volver la experiencia positiva, significativa o arreglable para poder estar ahí contigo.
Porque una de las cosas más claras que aprendí en el camino fue esta:
Puede haber mucho tratamiento de fertilidad y muy poco acompañamiento en la fertilidad.
Por eso estoy aquí.